Asoc. Saguntina Sdad. Protectora de Animales y Plantas
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Querido amigo

Este texto referente a educar a tu perro nos ha parecido muy lógico, de fácil aprendizaje y comprensión para tu perro y muy bueno a la hora de orientarte llegado el momento para que puedas aprender ciertas nociones de cómo educar a tu can desde bebe, como hacemos los padres con nuestros hijos humanos.

Estas notas tratan simplemente de mostrarte opciones para enseñar a tu pequeño nociones de comportamiento imprescindibles a día de hoy para que pueda convivir junto a ti en una civilización humana, pero sabiendo lo mucho que le quieres recuerda que NUNCA debes de enseñarle a atacar, pelear, ni a realizar ningún tipo de actos violentos, ni a otros animales, ni a los humanos, su vida está en tus manos, ahora es un bebé, de ti depende su seguridad y bienestar futuro

Un saludo y buena lectura!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Educación (Introducción)

Domesticación, educación y adiestramiento

 

¿Qué significa el término domesticación? Significa que en tiempos muy remotos el perro aprendió a considerar al hombre congénere suyo.

En efecto, un animal salvaje puede considerar a un animal de otra especie sólo de tres formas: presa, predador o individuo neutro. Relaciones distintas a estas, relaciones que comprenden social dad y en cierto modo diálogo, pueden tener lugar solamente dentro de una especie animal.

Un individuo emite señales, el otro las recibe e interpreta. Independientemente del tipo de señales emitidas, sólo pueden ser entendidas por individuos de la misma especie.

Las señales serán mucho más numerosas y articuladas en las especies capaces de una estructuración social más compleja, como el lobo y el perro.

Así pues, ¿qué le sucedió al primer perro domesticado? Se convenció de estar entre perros de dos patas, y se puso a aprender con ahínco el lenguaje humano, segurísimo de que era lenguaje canino. Este proceso se llama precisamente domesticación y ofrece diversas ventajas.

Primero, sirve para no ser agredido o herido. Este fue sin duda el primer sin duda el primer resultado del que pudo complacerse nuestro hombre primitivo una vez que su cachorro se transformó en un adulto de largos colmillos.

Segundo, sirve para hacerle pensar al perro que la familia es su jauría, a la que ha de defender y ayudar. Y aquí surgen los primeros problemas, porque el perro y el lobo, dentro de una jauría, pueden hallarse en diversas posiciones jerárquicas, de gran jefe a último de los subordinados. Obviamente, dentro de una familia humana, el perro se sentirá un ser superior: tiene mejores dientes, olfato y oído más desarrollados, patas más rápidas, músculos más potentes... y a menudo se siente incluso más inteligente que nosotros.

Así pues, para él lo espóntaneo sería asumir el papel de jefe de jauría, si el hombre no interviniese en tiempos precoces (cuando el perro es cachorro) explicándole que las cosas no funcionan así.

Eso es lo que hicieron los hombres primitivos y esto es lo que hoy debemos hacer nosotros. El proceso se llama educación.

La educación debe impartírsele al cachorro desde su más tierna edad. Con un adulto las cosas serían más difíciles, porque hay una gran diferencia entre explicarle a un niño que no podrá llegar a ser presidente y destituir a un adulto que ya ha alcanzado el cargo.

Lógicamente, en el curso de la educación al cachorro se le impartirán ordenes, al principio simples como "no", "ven" o "ve a la perrera", luego algo más complejas, como "sentado" o "tierra". Pero aún no estamos adiestrando a nuestro perro, lo estamos colocando sólo en la posición que le corresponde en la escala jerárquica de nuestra familia-jauría.

Volvamos ahora por última vez a nuestro hombre primitivo, que ya había domesticado y educado a su cachorro. Podemos suponer que entonces pensó en servirse de algunas de las cualidades de su nuevo amigo y compañero con fines utilitarios, por ejemplo la vigilancia de un rebaño. Le enseñaría entonces a perseguir a las ovejas que huían, a reunirlas, a vigilarlas, etc.

Esto es lo que recibe el nombre de adiestramiento: el proceso mediante el cual se le enseñan al perro ejercicios específicos que deben llevarlo al desarrollo de misiones profesionales.

Domesticación, educación y adiestramiento son tres etapas fundamentales de la vida canina en relación con el hombre y deben tener lugar siempre en este orden.

Sin embargo, alguién podría pensar que la domesticación ya no es algo que nos afecte. En efecto, el perro es doméstico desde hace millones de años y en la actualidad ya no deberiamos preocuparnos de ello. El concepto es correcto sólo en parte, porque el perro es indudablemente un animal doméstico, que no nos considera ni presa ni predadores. Pero podemos correr el riesgo que nos considere como individuos neutros a los que ha de tratar con indiferencia o, lo que es peor, con desconfianza, si el cachorro no tiene estrechas relaciones con nosotros en las primera etapas de su vida.

Por lo tanto, también en nuestros días, deberemos someter al cachorro a una especie de domesticación, que en etología se llama imprinting y que representa una etapa fundamental de su desarrollo. El imprinting debe dársele al cachorro entre la cuarta y la séptima semana de vida y se obtiene simplemente haciendo que vea, oiga y huela al hombre, hasta hacerle creer que el hombre es un congénere suyo. Sin imprinting no se obtiene nunca un animal sociable y por tanto no se puede obtener un perro de trabajo ni de compañia.

Resumiendo: las fases que nuestro perro ha de atravesar en su vida junto al hombre son: imprinting, educación y adiestramiento. Las dos primeras, de vital importancia, siguen una única línea, común a todas las razas. La tercera fase afecta exclusivamente a los perros de trabajo y varía según las razas, en función de la especialización que queramos obtener.

 

Un buen amo para un perro es casi siempre sinónimo de buen jefe de jauría. Y jefe de jauría es, sobre todo, sinónimo de fiable.

A pesar de lo que suele creerse, en la naturaleza el gran jefe no es nunca el más fuerte en el sentido literal de la palabra: un amasijo de músculos y colmillos sin cerebro jamás llegará a altas posiciones jerárquicas.

El jefe de jauría es un perro maduro, experto, inteligente, valiente y coherente. ¿Se siente usted a la altura de este cargo? Si le ha asomado a los labios una sonrisita sarcástica de superioridad, por favor, sométase al pequeño test que le presento a continuación, marcando el comportamiento que cree tendría en las circunstancias descritas. Es importante que trate de imaginar la situación como si fuese real y sea honrado al reconocer su probable reacción. ¡Puede hacer trampas durante el test, pero nunca logrará hacerlas con su perro

 

Educación (II)

Prevención de problemas de carácter del cachorro

 

Todo lo que viene a continuación se refiere exclusivamente al cachorro y, en algunos casos, el término prevención podrá parecer inexacto, dado que me referiré a casos en los que el comportamiento indeseable ya se ha manifestado. Sin embargo, si intervenimos cuando aparece el problema por primera vez, la cura es tan sencilla y rápida que el termino prevención puede ser aún pertinente. Si en cambio posee un cachorro grande o un adulto con problemas similares a los que vamos a examinar, ya es demasiado tarde: su perro necesita una auténtica terapia, y como éste no es el lugar adecuado para hablar de ella, le aconsejo que se dirija a un psicólogo canino.

 

Timidez, escasa sociabilidad con los hombres, miedo a los demás perros

 

Este problema revela una carencia de imprinting tanto hacia los hombres como hacia los perros. Si un cachorro no ha visto nunca seres humanos en la fase del imprinting, ya no es posible recuperarlo; si nunca ha visto perros, en cambio, es posible una parcial recuperación, porque el perro puede husmearse a sí mismo y a los demás, llegando a la conclusión de que se encuentra con sus propios semejantes. Sin embargo, el hecho de que reconozca a los demás perros como congéneres no excluye que pueda temerlos.

Prevención: el cachorro debe tener un buen imprinting en ambos sentidos (perro-hombre y perro-perro). Del imprinting hacia el hombre ya hemos hablado: el imprinting hacia los perros se consigue en el criadero permitiendo que la camada entre en contacto con individuos distintos de la madre (el padre u otros machos adultos). La prevención, en este caso, se inicia en el momento de la compra. Infórmese en el criadero y pregunte cómo ha sido criado el cachorro que le interesa. Si nunca ha visto al hombre y tiene más de 50 días, no lo compre; si nunca ha visto perros haga que vea muchos y que juegue con ellos, después de llevárselo a casa.

 

Agresividad hacia extraños

El cachorro no debe ser agresivo. Si lo es, ello significa que tiene miedo. Así pues, puede tratarse también de falta de imprinting, o bien de carácter débil e inseguro.

Prevención: en el primer caso no debe comprar el cachorro. Muchas personas cometen el error de elegir al más gruñón de la camada creyendo que está destinado a convertirse en un excelente perro de defensa, pero lo cierto es lo contrario: el perro de trabajo debe ser muy sociable con las personas, porque ello significa que no las teme.
Si es un perro de carácter débil pero con un buen imprinting, hágale conocer a mucha gente lo antes posible. Haga que lo toquen, acaricien y mimen hasta que desaparezca todo rastro de temor.

 

Agresividad hacia el amo

Las causas pueden ser genéticas, ambientales o ambas cosas. Si se ha preocupado por adquirir un cachorro hijo de perros equilibrados, probablemente no se tratará de locura, sino de un intento de dominarle socialmente (esta tendencia debería haber sido revelada por el test de Campbell). Preste atención, porque la agresividad del cachorro nunca es demasiado evidente. Sin embargo, tiene un inicio si, por ejemplo, le gruñe mientras come o cuando trata de desalojarlo de la cama de usted. Aunque parezca gracioso y le haga reir, no se tome a broma estos síntomas.

Prevención: no permita nunca que lo domine, y a cada exigencia suya contraataque con una orden. Sólo después de haberla ejecutado, el cachorro podrá ser premiado con la satisfacción de su petición.
Cada vez que le enseñe los dientes castíguelo imponiéndose como figura dominante. No es necesario darle una paliza, basta un "No", a ser posible acompañado de un manotazo en el hocico o de una vigorosa sacudida por la nuca.
Debe obtener un gesto de sumisión como dar la pata, ponerse boca arriba, darle golpecitos con el hocico. Todos estos gestos significan:"¡está bien, lo he entendido, mandas tú!". Tan pronto como el cachorro realiza uno, debe suspender el castigo. Suspéndalo al instante o cometerá una gravísima injusticia canina: ningún jefe-perro se irrita con un subordinado que se ha sometido.

 

Agresividad hacia los demás perros

También en este caso, probablemente, el cachorro no ha tenido suficientes relaciones con sus semejantes.

Prevención: llévelo a los parques tan pronto como sea posible a hacer un poco la vida de jauría, y no se preocupe demasiado si en algún caso se las carga. A este respecto, si nos encontrásemos en la naturaleza, le sugeriría que estuviese muy tranquilo; un adulto no hiere nunca a un cachorro, ni siquiera por error. En nuestra sociedad, las cosas no van siempre tan bien, porque algunos ejemplares están tan desnaturalizados que no saben ya cómo hay que comportarse y podrían hacerle daño al pequeño. Pregunte al amo del otro perro cuál es el temperamento de su amigo y cómo se comporta con los cachorros. Si sus palabras le tranquilizan, libere a su perro y deje que aprenda por su cuenta algunas normas fundamentales de urbanidad canina. Quiero insistir en que estamos hablando de cachorros. Si su perro fuese ya adulto y agresivo con sus semejantes no se arriesgue a liberarlo entre otros perros de su mismo sexo, o desencadenará peleas que podrían ser cruentas y muy peligrosas.

 

 

Educación (III)

Decálogo del aprendizaje

 

Antes de comenzar a trabajar con nuestro cachorro recordemos diez principales fundamentales a propósito del aprendizaje:

  1. El perro no entiende el castellano, ni lo entenderá nunca. Las palabras, como los gestos y los olores, representan simplemente un estimulo por el que puede verse condicionado a dar una respuesta determinada.
  2. El perro no tiene sentido moral, nunca puede sentirse culpable o bueno. Sólo puede asociar determinada acción con determinada respuesta, positiva o negativa, por parte de su amo.
  3. El perro no puede aprender un modelo comportamental que no le pertenezca genéticamente: es posible utilizar a voluntad las aptitudes innatas del perro, pero no podemos crear aptitudes nuevas (para poner un ejemplo banal, el perro puede aprender a sentarse a la orden porque sentarse es un acto natural para él, pero nunca aprenderá a beber como un hombre, ni por las buenas ni por las malas, porque no está en su naturaleza). Sin embargo, podemos potenciar actitudes que, de otro modo, aun siendo innatas, no se verían con demasiada frecuencia (p. ej., acrobacias circenses).
  4. La motivación es la base de la educación y del adiestramiento: cuanto mas fuerte sea la motivación para realizar un acto determinado, mas rápido será el aprendizaje. La motivación puede entenderse en sentido agradable (obtener comida o caricias) o en sentido desagradable (evitar un dolor o en cualquier caso una situación de estrés). Otra motivación que hay que tener en cuenta es la satisfacción de la llamada curiosidad (en etología, comportamiento de orientación y reconocimiento). El hombre ha basado en ella toda la investigación científica, pero también en el perro la curiosidad es un fuerte estímulo para el aprendizaje.
  5. Una vez que el perro ha aprendido que la ejecución de un ejercicio le da una gratificación, se crea en él la necesidad de repetir esta experiencia agradable. En etología se habla de creación de una necesidad secundaria, o de creación de una apetencia. Ésta es una fase muy importante del adiestramiento, porque el perro, que ha aprendido un ejercicio estimulado, por ejemplo, por el deseo de comida (oferta de un bocadito), podría no volver a repetirlo si no se le volviese a presentar el bocadito o en caso de que no tuviese hambre. Sin embargo, si sustituye el deseo de la comida por el deseo de una caricia o de una palabra amable, hará todo lo que sea necesario para satisfacer a su amo en cualquier momento.
  6. Los impulsos para el aprendizaje pueden ser inhibidos por un impulso externo mas fuerte (por ejemplo, una perrita en celo de paso puede ser más interesante que un amo que grita: "¡Sentado! ¡Sentado!") Los impulsos más fuertes son siempre los más naturales para el perro (impulso del sexo, de la caza, del alimento, etc.). Es conveniente habituar al perro a las distracciones, para no sufrir con demasiada frecuencia sus consecuencias.
  7. El deseo de superar una frustración o un dolor físico puede ser un fortísimo estímulo para el aprendizaje, tanto como una recompensa. Para el perro no hay mucha diferencia entre alcanzar un efecto agradable y alejarse de un efecto desagradable: el intenta solamente sentirse bien, y sus acciones tienden a este fin, aunque sin tener conciencia de ello. Así pues, los refuerzos positivos o negativos tienen el mismo valor.
  8. Según el punto 7 podría parecer sólo una cuestión de gustos adiestrar al perro por las buenas o por las malas, y en realidad el perro aprende un ejercicio con la misma rapidez, tanto si éste le permite obtener un premio como si le permite evitar un castigo.
    Sin embargo, existe una notable diferencia por lo que se refiere a su relación con nosotros. En efecto, el perro combina la ejecución mecánica de la orden con razonamientos y auténticos pensamientos que le permiten discriminar entre un amo firmemente amable y un amo inútilmente violento. Así pues, amará al primero y lo considerará su jefe, mientras que se limitara a temer al segundo. Dado que en la naturaleza un jefe nunca es violento, aunque el perro le conceda su obediencia sin duda no le dará su aprecio ni su corazón. El perro es un animal social capaz de reconocer como correctos o erróneos ciertos modelos comportamentales de su figura-guía. Es correcto lo que permite la supervivencia de la jauría y su bienestar, mientras que es erróneo lo que pone a la jauría en peligro. Ni siquiera en este caso el perro hace consideraciones morales (en todo caso deberíamos hacerlas nosotros cuando elegimos entre un adiestramiento de tipo suave y uno más violento) y sin embargo, siguiendo su propia naturaleza, afirma en cierto sentido la validez de los mismos valores morales humanos.
  9. Sea como fuere, cuando se ha obtenido una respuesta positiva por parte del perro ésta corre el riesgo de ser olvidada o, mejor dicho, apartada, si el amo no hace seguir siempre a esta respuesta una gratificación. Es conveniente variar estas gratificaciones (refuerzos) incluso para estimular su vivaz curiosidad, impulsándolo a realizar las cosas bien y de prisa "para ver qué sucede". ¿Llegará un bocadito o una caricia? Es lo que yo llamo efecto huevo de Pascua, por que puede ser utilísimo para despertar el interés de un perro aburrido, exactamente como las ganas de ver la sorpresa hacen que el niño se coma el chocolate del huevo de Pascua (aunque no tenga hambre).
  10. El cachorro es un perro en el más amplio sentido de la palabra, y es mucho más adiestrable que un adulto porque aún está bien dispuesto a someterse a sus superiores jerárquicos. Además, como ocurre con los niños humanos, tiene un cerebro sumamente elástico y dispuesto a aprender. En contrapartida, los errores cometidos con el cachorro permanecerán indeleblemente grabados en su memoria: si le hace una trastada, para él será, en cualquier caso, una trastada enorme (mientras que un adulto sabe distinguir, en ciertos casos, la involuntariedad o la intencionalidad). Si usted pierde su confianza, tendrá que sudar mucho para volver a ganársela.

 

Educación (IV)

La llegada a la familia

 

Tan pronto como entre en casa, al cachorro se le deberá dejar en paz.

Después de un comprensible momento de embarazo nuestro alumno comenzara ya a aprender según el aprendizaje latente que le permitirá hacerse una idea espacial de la nueva casa. Además memorizará nuestros olores, los sonidos de la familia y algunas imágenes táctiles y visuales que siempre deberán ser positivas (caricias, pocas pero buenas, palabras dulces, tono de voz bajo y suave). Recuerde que el cachorro es sumamente egocéntrico, como un niño, y todo lo que sucede a su alrededor es como si le sucediese a él. Si discute con su esposa el primer día que tiene el cachorro en casa, este creerá que está enfadado con él y se asustará. Al término de su primera jornada, que ha pasado inspeccionando, elaborando datos y memorizando, el cerebro del cachorro ya habrá trabajado bastante y pedirá un período de reposo, es decir, de sueño.

Sin embargo, al mismo tiempo el cachorro se siente perdido, sin mama y sin hermanos. Usted podría ser un sustituto significativo, pero por la noche se encierra en su habitación y lo deja solo para no darle el vicio de dormir en su compañía. El pequeño, abandonado a sí mismo en un ambiente que acaba de conocer, se desespera y ladra durante toda la noche.

¿Es un paso inevitable? No. Para que el perro duerma un sueño tranquilo desde la primera noche (al igual que usted y sus vecinos) puede perfectamente tener al cachorro en la habitación con usted, siempre que tenga la precaución de colocarlo en una cesta (o en una alfombrilla, o en una simple caja), de la cual no debe salir.

Tal vez lo intente, pero usted lo disuadirá y la lucha no será demasiado larga: el cachorro está cansado, esta en compañía, tiene la barriga llena, así que desea sobre todo dormir. Sus intentos de salir de la cesta serán más que nada un primer sondeo soñoliento acerca de sus capacidades de jefe de jauría. Si le deja salir, su posición jerárquica vacilara desde este primer momento (y él ya no se sentirá seguro, porque aquí falta el Jefe), pero si continúa devolviéndolo a su cesta con amable firmeza diciéndole un seco "No", acariciándolo cada vez que permanece en la cesta unos segundos, el cachorro:

  1. entenderá que aquí hay un buen guía coherente y fiable, y que puede dormir tranquilo;
  2. habrá comenzado ya a aprender el significado de la orden "no";
  3. completamente relajado, caerá rápidamente en el sueno de los justos.

¡Pero así ya le hemos dado el vicio de dormir en nuestra habitación! -objetará alguien- ¡Y yo no pretendo tener al perro junto a la cama durante toda la vida!
Nadie le obliga a hacerlo. Dentro de uno o dos días podrá conseguir sin ningún problema que el cachorro duerma en la habitación reservada para él (o en el jardín, si lo tiene), y que duerma tranquilo, sin volver a desesperarse, porque mientras tanto habrá aprendido a conocer el ambiente, a entender que esta casa es su guarida, a saber que allí esta el Gran Jefe que vigila su sueño.

No es falta de coherencia pedirle que abandone nuestra habitación, después de habérsela dejado durante una o mas noches: el truco esta en que nosotros no le hemos dado el vicio de dormir en nuestra habitación, sino el de dormir en su cesta (o en su caja, o en su alfombrilla).

Cuando deseemos que el cachorro se desplace a otra parte bastara desplazar la cesta para que él entienda que ese es su lugar, independientemente de la colocación.

 

Educación (V)

El nombre y la llamada

 

Aquí entramos en el campo de la enseñanza propiamente dicha. En efecto, desde el primer día deberá comenzar a explicarle al cachorro cual es su nombre, y darle a entender que cuando le llaman debe acudir necesariamente.

Como todo el mundo sabe, el nombre debe ser breve y claro: si el que aparece en el pedigrí es largo y altisonante, invéntele un nombre casero corto y resonante (y a ser posible no demasiado común: no es agradable ir al parque, llamar ¡Boby! y ver como llegan cuatro o cinco hocicos sonrientes).

Pero ahora veamos la regla mas importante: el nombre, para el cachorro, no debe equivaler a la llamada. El nombre es un nombre, la llamada es una orden. Considerarlos sinónimos sería un grave error.

Así pues, la orden completa no es "¡Sultán!", sino "¡Sultán! ¡Ven!" (o bien "¡Aquí!", o "¡Komm!", en alemán).

La razón estriba en que es absolutamente imposible, para un ser humano, contenerse de exclamar "¡Sultán!" cuando se descubre que el cachorro ha volcado el cubo de la basura en la alfombra persa y que ahora esta sentado en medio de la misma con aspecto claramente satisfecho.

Es imposible contenerse de gritar "¡Sultán!" cuando nos damos cuenta de que el cachorro se esta comiendo la comida del gato de los vecinos, y es imposible no susurrarle: "Oh, Sultán...", cuando el nos pone el hocico en el regazo y nos pone ojos de Bambi.

Por último, al menos mil veces estaremos hablando con amigos y diremos: "Sultán ha hecho esto, Sultán ha hecho lo otro." Y el cachorro está allí escuchándonos.

¿Dónde radica el problema? Simplemente en que la llamada debe ser una orden indiscutible. Cuando oye la llamada, el perro debe correr inmediatamente junto a su mano. Si como llamada usamos el simple nombre, el perro lo oirá en mil ocasiones distintas de aquella en que se le pide que acuda. Al oír Sultán nunca sabría si lo estamos llamando, regañando, felicitando, o simplemente citando en una conversación, y la eficacia de la orden se vería comprometida (en el tiempo que el emplea para entender que en este caso lo estamos llamando de verdad, podría ir a parar debajo de un coche, o acabar de cometer un acto vandálico).

Si, por el contrario, oye decir: "¡Sultán! ¡Ven!", no podrá tener vacilaciones, porque sabe perfectamente que se trata de una orden; también podríamos limitarnos al simple: "¡Ven!", pero yo sugeriría que siempre fuera precedido del nombre, porque sirve para atraer la atención del perro y, por tanto, para reforzar la orden.

Pero, ¿como hacer que venga el cachorro?
Ya hemos dicho que él no sabe castellano, y que oír la orden: "¡Sultán! ¡Ven!", o una frase como: "¡Hola! ¡Tomate!", para él es lo mismo. Así pues, ¿cómo hacernos entender?

La forma más simple es aprovechar el principio de asociación y llamarlo las primeras veces cuando ya está viniendo hacia nosotros. El cachorro es despierto y tiene una inteligencia muy dispuesta, por lo que asociará rápidamente la orden con la acción de venir. Ahora debemos explicarle que responder a la llamada es algo gratificante y, por tanto, le premiaremos con felicitaciones, caricias y algún que otro bocadito cada vez que acuda a nuestro "¡Sultán! ¡Ven!".

Sin embargo, hasta ahora lo hemos llamado única y exclusivamente cuando ya estaba viniendo. Antes de pasar a la prueba de fuego, para verificar si el cachorro ha entendido de verdad el significado de la orden, debemos ponerle un collarcito atado a un cordel largo y fino que no le ocasione ninguna molestia.
Si el cachorro no estuviese habituado ya al collar, dejemos el ejercicio para más adelante y démosle tiempo primero para habituarse a este extraño artefacto (se rascará durante unos minutos, tal vez trate de quitárselo con las patas, luego se olvidara de él); si el cachorro lleva ya tranquilamente el collar, procedamos.

Esperemos a que el cachorro esté tranquilo y no ocupado en algo particularmente interesante como roer un hueso, y luego demos la orden: "¡Sultán! ¡Ven!"
Si acude, felicitémoslo, premiémoslo, y démosle a entender que estamos muy contentos de su éxito.
Si no acude, tiremos del cordel atado a su collar y hagámosle venir por fuerza. Por fuerza no significa con la fuerza: debemos atraerlo hacia nosotros, pero suavemente, sin arrancarle el cuello.

Nosotros no podemos saber si el cachorro ha desobedecido porque aún no ha aprendido la orden o porque no tenia ganas de venir, pero de esta forma obtenemos dos objetivos:

  1. le permitimos oír una vez mas la orden;
  2. le damos a entender que la cosa es ineluctable: cuando oye decir: "¡Sultán! ¡Ven!" debe precipitarse, o una fuerza inexplicable le obligará a obedecer de todas formas.

Como último refuerzo, cuando el cachorro haya llegado junto a nosotros, deberemos acariciarlo y premiarlo exactamente como si hubiese venido por su espontánea voluntad.

Más adelante, cuando estemos plenamente seguros de que el cachorro ha adquirido una buena llamada, podemos llamarlo sin predisponer el truco del cordel. Pero a la primer a falta volveremos a usarlo, porque el cachorro debe convencerse de que es imposible desobedecer a la llamada.

¿Y esa única vez que desobedece sin cordel? Saldremos corriendo como liebres, sin volver a mirarlo. Un poco por miedo de quedarse solo y un poco porque nuestra carrera estimulará en él el instinto predador (que siempre lo incita a perseguir a quién corre), el cachorro nos seguirá y por tanto habrá obedecido a nuestra llamada. Cuando llega, caricias y felicitaciones como siempre.

Nunca le pegue al perro cuando llega, aunque llegue dos horas más tarde. El cachorro no es capaz de una abstracción complicada como: "Me castigan porque antes he desobedecido", sino que hará un razonamiento mucho mas elemental: "Me castigan porque ahora he venido." Y ya no volverá a venir, temiendo que lo llamen para pegarle.

Pegarle al perro que vuelve es el sistema mas directo (¡y por desgracia más utilizado!) para estropear completamente la llamada. Deseo insistir en ello, porque muchos amos cometen este error de buena fe (y hasta presumen de ello) y luego se asombran con ese imbécil de su perro que nunca obedece a la llamada, a pesar de las severas lecciones recibidas.

Atención: es fundamental que la llamada se le enseñe al cachorro desde muy pequeño, tan pronto como entra en la familia. De esta forma el ejercicio será fácil, divertido, de rapidísimo aprendizaje y muy poco susceptible de regresiones (para el perro alcanzar al amo es una alegría espontánea y natural y es necesario equivocarse absolutamente en todo para lograr transformarla en una experiencia desagradable).

 

Educación (VI)

¡No!

 

Como la llamada, el ¡No! es una orden precisa. Debe pronunciarse, como todas las ordenes, en tono decidido que no admite replicas, pero sin ponerse a gritar como obsesos. Un óptimo refuerzo consiste en una lata de refresco llena de monedas. Inmediatamente antes de dar la orden "¡No!" sacúdala vivamente.

La lata tiene la misma función que el nombre antes de la llamada: sirve para atraer la atención del cachorro distrayéndolo de lo que esta haciendo (pero en este caso no se debe usar el nombre, porque el nombre debe ir asociado siempre con sensaciones agradables, mientras que el "¡No!" se da cuando el cachorro esta haciendo algo indeseado, y algunas veces podría ser necesario castigarlo si no deja de hacerlo).

La lata es un buen sustituto: con su ruido repentino y bastante fuerte desorienta al cachorro y le da tiempo para entender que le estamos dando la orden de dejar de hacer inmediatamente lo que esta haciendo.

Como la llamada, el "¡No!" es una orden fundamental, que en ciertos casos podría incluso salvar la vida del perro (deteniéndolo, por ejemplo, cuando esta a punto de cruzar una calle y acabar debajo de un coche).

¿Cómo darle a entender al cachorro que queremos?

Sacudimos la lata y damos el "¡No!". El cachorro desiste de su acción, aunque sólo sea para ver que sucede. En ese momento tenemos dos posibilidades: llamarlo y felicitarlo o acercarnos a él y esperar a que vuelva a hacer estropicios. Tan pronto como vuelva a empezar, lata y "¡No!". Tan pronto como abandone la acción indeseada, felicitaciones y caricias. No cambie de actitud bajo ningún concepto, sea coherente y constante, y el cachorro entenderá. Y no solo eso, sino que usted ganará otro punto como buen jefe de jauría.

 

Con esta orden entramos en el campo de los ejercicios propiamente dichos, los que nos hacen pensar que tenemos un perro adiestrado. En realidad aún estamos hablando de simple educación, y los próximos ejercicios servirán más que nada para permitirnos imponer nuestra voluntad. Como ya hemos visto, a Sultán se le puede ocurrir darnos una orden (dame de comer, acaríciame, sácame a la calle), y el único medio que tenemos de volver a establecer las correctas relaciones jerárquicas es dar una contraorden antes de contentarlo.

"Sentado" y "Tierra" son ejercicios muy cómodos de usar para este fin. Basta un instante para ejecutarlos, no se requieren accesorios ni espacios particulares.
Son además ejercicios sumamente sencillos que el cachorro aprende en pocas lecciones. Se trata de hacer que el perro adopte posiciones que ya asume tranquilamente por sí solo muchas veces al día. Solo que ahora debe asumirlas a la orden. Veamos como hacer que se siente el cachorro:

  1. se espera a que se siente solo, y cada vez se le da la orden "¡sentado!" (o ¡sitz! en alemán). En cierto modo como ha sucedido con la llamada, esto sirve para desarrollar la asociación de ideas entre la palabra y la posición asumida por el perro;
  2. tan pronto como el perro se sienta, se le felicita como si hubiese obedecido la orden, aunque en realidad ni siquiera haya entendido que ha recibido una;
  3. pasado cierto tiempo, se da la orden antes de que el perro se siente: si obedece, significará que es un perro de inteligencia brillante y que ya ha captado el concepto. Pero, si no lo hace, no hay que preocuparse: es un perro normal. Después de darle la orden, ejerza una suave presión en su grupa, manteniéndole a la vez la cabeza levantada con una mano bajo la garganta. Sonríale, hágale entender que no pretende hacerle daño y, mientras tanto, haga que el cachorro se siente mediante la acción de sus manos. Tan pronto como este en posición, cúbralo de felicitaciones;
  4. repita el ejercicio (no mas de diez minutos por lección) hasta que este seguro del resultado.

Personalmente, siempre he empleado este método con resultados rápidos: ningún cachorro me ha dado problemas. Sin embargo, debo decir que Campbell lo considera contraproducente. Según él, este método -que llama del tira y afloja- genera confusiones porque el cerebro del cachorro antepone siempre los estímulos táctiles a los verbales. Así pues, si nosotros decimos "¡sentado!" y al mismo tiempo ejercemos presión sobre su grupa, el cachorro se fijará más en la presión que en el sonido de la voz.

Como método alternativo, Campbell sugiere colocar una mano encima de la cabeza del cachorro, esperando a que él dirija la mirada hacia arriba para poderla ver.
Si movemos adecuadamente la mano, el cachorro se ver a obligado a levantar la cabeza para seguir su movimiento y a doblar las patas traseras. En ese momento nosotros deberíamos dar la orden "¡sentado!" y, tan pronto como la grupa tocase el suelo, deberíamos felicitar a nuestro alumno.

Yo lo he experimentado y no puedo decir que el método no funcione; pero se requiere mucho más tiempo y la mayoría de las veces el cachorro no piensa precisamente en los movimientos de nuestra mano. Como máximo trata de cogerla con los dientes para jugar, saltando en lugar de sentarse.

El método se hace mas efectivo y funciona a la perfección si la mano suspendida sobre la cabeza del cachorro sostiene una croqueta. En este caso la atención queda asegurada y también la ejecución del ejercicio (naturalmente, siempre que al final se le de la croqueta).

Sin embargo, existe un grave problema. Si queremos presentar el perro a exposiciones, una vez convertido en adulto, el truco de la croqueta nos servirá para hacer que permanezca muy firme sobre las patas, con la expresión atenta y vigilante. Pero si se le ha condicionado a sentarse cuando aparecen mano y croqueta, podríamos obtener como resultado escandalosos cedimientos de grupa en medio del ring, con el consiguiente enfado del juez.

De cualquier forma, aunque su perro no vaya a ir a exposiciones, no es agradable que se siente cada vez que vea algo de comer, en espera de un premio, cosa que sucede puntualmente. Porque Campbell tiene razón cuando dice que para el cachorro cuenta mas un estímulo táctil que uno oral: no obstante, un estímulo olfativo (olor de croqueta) cuenta más que todos los demás juntos.

Para concluir, pruebe si quiere el método Campbell, siempre que no trate de agilizar las cosas usando la croqueta: el cachorro debe seguir su mano vacía.

Si se da cuenta de que su perro no dedica demasiada atención a la mano, pase tranquilamente al método del tira y afloja y quédese tranquilo: no tiene porqué afectar negativamente al perro, siempre que se lleve a cabo con amabilidad.

Existen diversos métodos para enseñar esta posición al cachorro y él la adopta de buen grado porque le permite estar cómodo, pero, a pesar de ello, no espere que aprenda demasiado rápido este ejercicio, algo más complejo que el anterior.

Primer método: con el cachorro de la traílla póngase a su lado, haga que se siente (ya debe conocer la orden "¡sentado!" evidentemente), luego de la orden "¡tierra!" (o ¡platz!, en alemán) y, arrodillándose ante él, tire hacia delante de sus patas anteriores, de forma que el tenga que estirarlas y tenderse por fuerza.

Problemas: el cachorro puede asustarse, sobre todo si anteriormente le ha pegado con las manos (cosa que siempre habría que evitar), y puede interpretar el agarre de las patas como una forma de castigo. Entonces comenzaría a pensar "¿por qué?, ¿qué he hecho?" y nuestros intentos de explicarle que no le estamos castigando, sino que le estamos enseñando un nuevo ejercicio, resultarían vanos.

Además, en cachorros de temple fuerte el agarre de las patas puede causar conflictos de voluntad. Si el cachorro comienza a dar tirones puede incluso hacerse daño. De todas formas, esta reacción es sintomática: significa que el cachorro no le reconoce aun como jefe de jauría y no tiene plena confianza en usted.

Segundo método: camine con el perro de la traílla a su lado, deténgase y haga que se siente. Entonces dé la orden. Luego ponga la traílla bajo su pie y comience a deslizarla gradualmente hasta que el perro se sienta arrastrado hacia el suelo. Felicítelo.

Problemas: este método es similar al primero, pero no se produce la intervención directa de la mano: el perro se siente obligado por una fuerza desconocida. Esto puede reforzar la orden en algunos cachorros, mientras que en otros puede generar temores (su mano es conocida y amiga, mientras que esta fuerza misteriosa da miedo). Además, es necesario tener cuidado porque, si el cachorro trata de oponerse y hace fuerza en dirección opuesta, puede provocarse heridas en el cuello.

Tercer método: con el perro sentado, póngase frente a él, diga "¡tierra!" y comience a mover la mano delante de su nariz, en dirección hacia abajo. El perro, lleno de curiosidad, seguirá el movimiento y se tendera.

Problemas: también éste es un método sugerido por Campbell y también requiere más tiempo que los demás. Sin embargo, esta vez lo aconsejo vivamente porque es un método absolutamente natural y no coercitivo, a diferencia de los dos primeros, mucho más utilizados, pero a menudo desagradables para el cachorro. Para agilizar las operaciones es conveniente esperar a que el perro este cansado y tenga ganas de tenderse.
Repita el ejercicio en el transcurso de breves sesiones (siempre de diez minutos cada una, no más), dos o tres veces al día. El cachorro aprenderá bastante rápido

Ahora debemos ocuparnos del pipí. No tiene demasiado sentido pretender la limpieza doméstica desde el primer día, porque el cachorro debe ambientarse, entender quién manda, etcétera, sin embargo, después de dos días de secar y callar, podemos darle a conocer nuestra opinión al respecto. Si está siguiendo mi programa, ya se habrá dado cuenta de que el cachorro absorbe como una esponja toda la información: es un alumno dispuesto y despierto y, sobre todo, muy voluntarioso.

Pues bien, el cachorro captará con la misma rapidez el concepto de limpieza, siempre que siga uno de los siguientes métodos.

Método natural (W. Campbell): el cachorro debe conocer ya el significado de la palabra "ven" y saber ejecutar la orden simple de "sentado".

Es necesario que se instaure en el cachorro la convicción de que su amo es el maestro y él el alumno. Solo de esta forma tendrá sentido el sucesivo adiestramiento para la limpieza, porque el cachorro entenderá que le estamos enseñando un auténtico ejercicio. En efecto, la mayoría de los cachorros que ensucian en casa no entienden que queremos de ellos.
Si se piensa en cuanto tiempo (por lo general, muchos meses) suelen emplear los padres humanos para habituar a un niño al uso del orinal, ni siquiera nos debería pasar por la cabeza la idea de que un cachorro de perro pueda aprender la lección en pocos días. Y, sin embargo, el cachorro puede conseguirlo.

El primer paso consiste en alimentar al animal con una dieta equilibrada y completa, a horarios fijos e inmutables.

Es importante la consistencia de las heces: si son blandas, se reducirá de inmediato la cantidad de alimento en un 10% y se seguirá disminuyendo hasta que se obtengan heces compactas. Se procederá de forma contraria si las heces son demasiado secas. En cualquier caso, asegúrese antes de que no existan parásitos intestinales.

El lugar en el que puede ensuciar debe ser siempre el mismo y debe resultar al cachorro remuneradamente positivo. Este lugar se elegirá por facilidad de acceso y allí deberemos llevar al perro inmediatamente después de las comidas.

Es necesario llevarlo al lugar adecuado:

  1. después de cada comida;
  2. después de beber;
  3. cuando se despierta después de una siestecita;
  4. después de jugar y correr durante largo rato.

Cuando el cachorro ha entendido que ese lugar es el adecuado (y, por lo general, ensucia por primera vez en él pasadas de treinta y seis a cuarenta y ocho horas desde el inicio del adiestramiento), es necesario darle a entender que todos los demás lugares, por el contrario, son incorrectos. Si el cachorro permanece solo en casa de las ocho de la mañana a las cinco de la tarde, durante cinco días a la semana, es una locura pretender vigilarlo constantemente durante el fin de semana y sacarlo justamente en las horas en que, por lo general, no puede salir. Por tanto, es necesario tener al perro en casa en las horas en que debe permanecer normalmente en ella y hacerle desistir de la idea de orinar o defecar durante las mismas. No hay que darle ni de beber ni de comer. Las comidas y el agua se le suministrará a horas tras las que pueda realizarse una salida para sus necesidades.

El cachorro que ensucia fuera debe ser premiado y alabado. Si ensucia en casa, no hay que pegarle ni meterle la nariz en la porquería: el cachorro pensaría que es eso lo que queremos de él y cogería el vicio de comerse las heces o de revolcarse en ellas. Es mejor esperar a que el cachorro se acerque al cuerpo del delito, mostrarle con voz y gestos (pero sin tocarlo) nuestro desdén y, luego, llevarlo al lugar adecuado.

Para limpiar es conveniente esperar a que el perro no este presente y pasar de inmediato un neutralizador de olores.

Método para la regulación de las necesidades al aire libre (Siegal-Margolis): este método puede utilizarse desde los tres meses a los tres años y prevé una dieta apropiada y horarios fijos. Para un perro de tres meses, resultan adecuados los siguientes horarios:

        7.30 horas: comida, agua y paseo para la limpieza;

        11.30 horas: comida, agua y paseo;

        16.30 horas: comida, agua y paseo;

        20.30 horas: solo paseo;

        23.30 horas: solo paseo.

Durante la comida concédale al perro quince minutos para comer y luego retírele la escudilla, independientemente de que haya o no terminado.

El alimento debe dársele solo a horas fijas: el agua debería estar siempre disponible, pero en casos de necesidad se puede dosificar.

Tan pronto como el animal haya terminado de comer, sáquelo y, en cuanto se libere, felicítelo abundantemente y devuélvalo de inmediato a casa. Si el paseo durase mas de 15-20 minutos, el motivo por el que se le ha sacado ya no sería evidente y el método no funcionaría.

Horario para personas que trabajan: sea cual sea su horario de trabajo, saque al perro tan pronto como se levante por la mañana, devuélvalo a casa, dele de comer y beber y vuelva a sacarlo para ensuciar. Cuando vuelva del trabajo haga lo mismo. Establezca un ritmo fijo. Antes de acostarse, sáquelo una última vez sin alimentarlo.
Recuerde que el cachorro no puede retener el agua durante ocho o nueve horas: en su ausencia puede encargarle a alguien que mantenga los ritmos de comida-agua-salida, o bien pueda dejar el cachorro en un lugar donde pueda ensuciar sin preocupaciones.

Al principio no se desanime si el cachorro no se libera al sacarlo: podrá resistir hasta veinte horas. Tenga presente que se le fuerza a romper sus viejos hábitos. Y que esto supone un trauma para él.

Si no defeca durante varios días, póngale un supositorio de glicerina para niños inmediatamente después de comer y sáquelo en seguida. Este método puede no ser uno de los mas agradables, pero da resultados seguros. Después de que se hay a liberado felicítelo y acarícielo mucho.

Todo este programa es temporal y dura hasta que el perro aprende a ensuciar fuera de casa (como máximo veinte días, por termino medio).

Suciedad en casa: cuando el cachorro ensucia en casa, lo mas importante es eliminar el olor de las heces y de la orina, porque tenderá a ensuciar nuevamente donde perciba este olor. Los neutralizadores de olores se adquieren en los comercios para perros o en la farmacia y resultan útiles, a diferencia de todos los demás preparados (lejía, amoníaco, etcétera), que disimulan el olor, pero no lo eliminan: el cachorro sigue percibiéndolo y vuelve a ensuciar.

Confinamiento: si el cachorro debe permanecer en casa sin usted, confínelo en un área restringida (sin atarlo), de forma que pueda esperar el máximo posible para liberarse: instintivamente, el cachorro tenderá a no ensuciar su perrera.

Cuando usted este en casa, déjele libre para que pueda moverse por todas partes y dispóngase a intervenir como sigue, si ensucia.

Corrección: al perro nunca se le debe castigar por haber ensuciado en casa. Si lo ha hecho, es sólo porque aun no ha comprendido que no debe hacerlo. Sin embargo, sí se le debe corregir. Y solo podrá hacerlo si se le coge "in fraganti": un solo minuto de retraso ya es demasiado, porque el perro no tiene la capacidad mental de relacionar su cólera con un error cometido antes. Cuando ensucie en su presencia, utilice una latita llena de monedas y sacúdala vivamente cerca del cachorro. Esto lo desorientara y bloqueará durante el tiempo que usted necesita para cogerlo y sacarlo. Al mismo tiempo, diga "¡no!" con voz áspera y firme.

No es lo mismo que golpear un periódico contra la palma de una mano: hay la misma diferencia que existe entre atraer su atención y amenazar con golpearlo.
No es necesario asustar al animal, sino detenerlo en medio de la acción errónea para poderlo llevar al lugar adecuado.

Regulación de las necesidades en el periódico: actuaremos de idéntica forma, pero en lugar de sacar al cachorro se le sitúa sobre una hoja de periódico colocada en el lugar adecuado. El autor desaconseja enseñar al cachorro a ensuciar en el periódico para luego pedirle que ensucie fuera: ello genera confusión y el perro comienza a cometer errores al tratar de interpretar los deseos de usted.

Método Scanziani

n.° 1: se coge una caja llena de tierra cultivada con hierba, de amplitud proporcionada al cachorro, y se coloca delante de la perrera después de cada comida, en el momento del despertar, etc., alentando al cachorro a utilizarla mediante estímulo olfativo con un agente químico especial que se encuentra en los mejores comercios. Aléjela cada día unos diez centímetros hasta colocarla definitivamente en el lugar deseado.

Método Scanziani

n.° 2: si dispone de una pequeña habitación, un desván u otro hueco en el que colocar la perrera, ponga allí el cachorro y la perrera, cubriendo todo el suelo de periódicos. El cachorro ensuciará por fuerza sobre el periódico. Cada mañana retire un periódico cerca de la perrera, dejando libre un trozo de suelo y cubriéndolo de lisoformo u otras sustancias desinfectantes y olorosas. Quitando un periódico al día, el cachorro aprenderá a liberarse solo en los periódicos, que luego podrá disponerse en el lugar preferido.

Método mixto: dado que resulta muy cómodo enseñar al cachorro a ensuciar en el periódico, sobre todo para quien trabaja, yo aconsejo un método que es más o menos la suma de todos los enumerados hasta ahora.

Personalmente uso el método Siegal-Margolis, unido a Scanziani n.° 2, para habituar al cachorro al periódico empleando la latita no sólo cuando el cachorro ensucia fuera del periódico, sino también cuando juega con este y comienza a romperlo, comportamiento típico de los husky que ningún texto cita. Sacudiendo la latita y diciéndole un brusco "¡No!", se le da a entender que eso es para el aseo y no un juguete.

Mas tarde, para habituar al perro a salir a medida que va creciendo, me limito a desplegar cada día el periódico hacia la puerta (10-20 cm al día): el cachorro se habitúa así, sin traumas, a acercase a esta. Por ultimo, durante un par de días pongo el periódico fuera y dejo la puerta abierta, de forma que el perro va a ensuciar allí; cuando estoy segura de que el cachorro sabe donde se encuentra el periódico, cierro la puerta, lo que le incita a rascarla para salir o a darme a entender de otras formas que tiene que ensuciar. Con algunos ejemplares es necesario sacar el periódico durante un par de días, extenderlo en el suelo y dejar que ensucien allí. Con otros, el paso es gradual y no aporta problemas. Los perros se habitúan a ensuciar fuera de casa (por supuesto, siempre hay que seguir las reglas de elegir un lugar preciso y de darle la alimentación correcta y de forma regular).

 

Educación (X)

Las primeras salidas

 

Una vez terminado el ciclo de vacunaciones, el cachorro puede tranquilamente comenzar a salir y a tener relaciones sociales: tenerlo en casa bajo una campana de vidrio para evitarle posibles enfermedades o peleas con otros perros es un sistema seguro para crearle problemas de carácter.

Experimentalmente se han criado perros que no podían recibir los procesos normales de imprinting y de aprendizaje: estos ejemplares se denominan Kaspar Hauser, nombre del misterioso personaje aparecido en Nuremberg en las primeras décadas del siglo xix a la edad de 16 anos, después de haber vivido hasta entonces totalmente aislado.

La cría de ejemplares Kaspar Hauser tenia la finalidad de descubrir que parte del comportamiento animal se basa en mecanismos innatos y que parte es aprendida. Pero el experimento permitió averiguar también que en estos perros surge un autentico síndrome, cuyos síntomas son timidez, miedo del hombre, agresividad en algunos casos y, en otros, incluso demencia.

Campbell lo denomina síndrome de perrera, porque muy a menudo se da en ejemplares que han nacido y vivido durante varios meses en un criadero, que tienen contactos incluso buenos y frecuentes con el criador, pero que no ven a otras personas y no salen nunca de su box o del restringido ambiente que conocen.

Hace años, por pura casualidad, tuve que adiestrar a breve distancia el uno del otro a dos pastores alemanes hermanos de camada, pero pertenecientes a propietarios distintos, que ni siquiera se conocían entre sí. Conocí al primero de estos dos cachorros cuando tenia nueve meses, al segundo cuando tenia un año. Ambos propietarios sabían perfectamente que el padre de sus ejemplares, un espléndido semental muy usado en aquel período, tenia problemas de carácter.

El propietario del primer perro, sabiendo que tenia entre manos al hijo de un tímido lo había criado entre algodones, porque el cachorro a los cuatro meses había dado algunas señales de temor cuando se le acercaban extraños. Para no traumatizarlo el amo había decidido dejarlo crecer y madurar antes de hacerle afrontar nuevas experiencias sociales, y el perro a los nueve meses no había visto a mas personas que a su amo y a sus familiares, por los que era muy mimado.

El segundo cachorro, a su vez, había manifestado signos de timidez incluso bastante serios hacia los tres meses: orinación por sumisión, gañidos cuando alguien lo acariciaba y miedo al disparo (a diferencia del primer cachorro). Pero su propietario, en lugar de aislarlo, lo había llevado lo más posible al medio del trafico, de los ruidos, de la gente. Además, había adquirido la costumbre de disparar con una pistola de juguete cada vez que el cachorro iba a comer.

No creo que haga falta decir que obtuve buenos resultados con el segundo perro. Pasados dos meses trabajaba impecablemente y llevaba a cabo de forma mas que suficiente incluso los ataques.

En cambio, conseguí muy poco con el primer cachorro. Aprendió discretamente las ordenes básicas, y al volver con la familia para seguir un programa de readaptación, se convirtió en un perro aparentemente normal, que caminaba con desenvoltura entre las personas. Pero nunca fue posible enseñarle la defensa de su amo y, si alguien lo acariciaba, tendía siempre a rehuir el contacto.

Espero haber aclarado con estos ejemplos que el síndrome de perrera puede surgir también en familia, si no se le permite al cachorro tener suficientes experiencias ambientales y sociales. Así pues, sin duda es positivo sacarlo lo antes posible, sin preocupaciones inútiles. Si bien, evitaremos en la medida de lo posible el contacto con heces de otros animales, si nuestro cachorro aun no ha recibido su primera desparasitación.

Fuera de la traílla, las primeras veces. La traílla debe representar para el cachorro una prolongación de la mano del amo, amistosa y capaz de infundir confianza (y por ello no se le debe permitir nunca al cachorro mordisquearla o jugar con ella).

Para habituar al cachorro es conveniente elegir una de cuero (¡nunca una cadena!) fina, larga y ligera. La traílla corta, de asidero (que muchos eligen porque da la impresión de tener mas control sobre el perro), le enseña al perro a tirar como un condenado, y no le permitirá nunca obtener una buena marcha. El cachorro, en este caso, permanece cerca de las piernas del amo porque está obligado a hacerlo y no porque ha entendido que ese es el lugar adecuado. Póngale al cachorro el collar (no de nudo corredizo) y la traílla en alguna ocasión agradable (la hora de comer, por ejemplo) hasta que esté seguro de que se ha habituado a llevarlos tranquilamente. Luego salga de casa, para que vea (o mejor, huela) el mundo. Aproveche también para enseñarle la marcha de la traílla.

 

Educación (XI)

A la traílla

 

Para ejecutar este ejercicio camine siempre con el cachorro a su izquierda. O mejor, trate de tenerlo a la izquierda, porque sin duda el cachorro hará el tonto y se meterá entre sus pies trescientas veces por minuto. Las distintas posibilidades son, aproximadamente, las siguientes:

  1. empinarse, cocear, hacer un poco de rodeo y negarse a proseguir;
  2. echarse al suelo gañendo con desesperación como si lo estuviesen matando;
  3. tirar de la traílla para ir a mirar allí, a husmear allá, y de vez en cuando dar un salto para alcanzar a un gato o a una mariposa, permaneciendo levantado del suelo durante unos instantes, para luego caer de espaldas y mirarle con aspecto afligido como si lo hubiese castigado usted;
  4. tratar de seguirle, pero guardándose bien de permanecer en su puesto a la izquierda: el adelantamiento al bies es uno de los mas difundidos, pero también es bastante apreciado el desplazamiento a la derecha, siempre a la derecha, absolutamente a la derecha (hasta que usted decide ignorar el manual de adiestramiento y pasar la traílla a la mano derecha. En ese momento el cachorro comienza a echarse a la izquierda, siempre a la izquierda, inexorablemente a la izquierda).

Independientemente de que el cachorro tenga aspecto desesperado o divertido, la primera salida con la traílla le hará desesperar a usted, pero tranquilícese, porque no debe durar mas de cinco o diez minutos.

Haga lo que haga su pequeño amigo, háblele alegremente y con dulzura, deje la traílla muy larga, no tire de ella nunca y trate de conseguir que el cachorro siga sus pasos durante unos diez metros, si es necesario arrodillándose y llamándolo (si le ha enseñado la llamada con el cordel, llegará moviendo la cola). Tan pronto como le siga un poco, felicítelo exageradamente y hágale entender que esta supersatisfecho de él. Mientras le sigue, comience a decirle "pie" (o bien "fuss", en alemán). Después de diez minutos como máximo, vuelva a casa.

Repita al día siguiente, y al otro, alargando un poco el tiempo. Por ahora debemos conseguir solamente que siga la traílla, aún es pronto para obligarle a asumir la posición correcta junto a la rodilla. Sin embargo, no debe tirar. Cuando trate de hacerlo, dígale "¡pie!" y tire inmediatamente. El cachorro recibirá una ligera sacudida, y entenderá pronto que no debe superarle, si no quiere sentir este desagradable golpecito.

El ejercicio de la conducción debe enseñarse por grados, partiendo de lecciones de cinco minutos, pero ello no significa que el perro deba permanecer fuera de casa durante solo cinco minutos.

Acabada la lección, el cachorro ya no estará obligado a permanecer al pie, sino que con la traílla larga podrá husmear alrededor, conocer personas, ruidos, animales, en una palabra, habituarse al mundo exterior. Permanezca fuera media hora al día, luego alargue el tiempo todo lo que quiera. Cuantos mas estímulos ambientales y sociales le lleguen al cachorro, mejor.

 

 

AGRADECIMIENTOS, TEXTO EXTRAIDO DE http://delaestribera.com/educa.htm